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Full text of "Alfonso Meliton Yambos"

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01 











mmm 


¡i 







Estos versos han sido escritos durante los 
últimos cuatro años. 

Espectador sereno de los acontecimientos 
que se desarrollaban en mi patria, no he po- 
dido sustraerme á la indignación que me ins- 
piraba el espectáculo vergonzoso que ante 
propios y extraños, ofrecía diariamente un 
gobierno de crimen, nacido de los motines 
militares, y sustentado á costa de la sangre 
generosa de los mártires de las libertades pa- 
trias. 



I 




YAMBOS 13, 
' B/W3> ' 3 



De esa santa indignación ha surgido este 
libro. 

No ha guiado mi pluma al escribirlo, el % 
odio político, ni tampoco el despecho dictó \ 
sus páginas. 

Humilde y oscuro ciudadano, expatriado \ 
voluntariamente, como la mayor parte de S 
los numerosos orientales residentes en esta 
tierra hermana, jamás tomé parte activa en 
la política de mi país; juzgúese, pues, si 
mis versos serán ó nó el resultado del juicio 
imparcial y sereno, antes que la censura 
apasionada de un gobierno que no ha teni- 
do mas panegiristas que los que militan en 
sus filas. 

Si he extremado la verdad, calificando de 
torpe á la generación á que pertenezco, y 



8 

H 



exagerando un tanto los hechos, en medio 
del arrebato lírico de las ideas, es porque 
he creído que en ciertos momentos históri- 
cos, son una y otra cosa necesarias, para mos- 
trar á los hombres patriotas la enormidad 
del crimen, é impulsarlos á sacudir el opro- 
bioso yugo, clavando triunfante la bandera 



déla patria, sobre las rotas aras de la liber- 

'A Ir? ■ 

{ .p tad y del derecho. ?h 

6¡E| - jgk» 

Ni se admire nadie tampoco de la amar- 



gura que respiran algunas de estas páginas. 

Solo el que vive en pais extraño, vegetan- 
do dolorosamente en la horrible lucha por 
la existencia, sin poder aspirar á nada, pue- 
de medir la intensidad del desaliento que se 
apodera del corazón del hombre, al convencer- 
se de la inutilidad de sus esfuerzos para He- 




YAMBOS 
— ©WS — 



gar á la realización de levantados ideales y 
de nobles y santas aspiraciones. 

Explicados así el objeto y tendencias de 
este pequeño libro, solo me resta recomen- 
darme á la protección y benevolencia del 
públiéo. 

Buenos Aires, Febrero 2j de i88j. ' 

y^-ELITOl^ ^.LFONSO 




10 




usa de Juvenal! pón en mi mano 



para que pueda, en mi dolor ardiente, 



enrojecer la espalda del tirano. 

De tu voz el acento soberano, 
hable en mi corazón, hierva en mi mente, 
y conmueva en su crápula insolente 
al infame Tiberio americano. 




el hierro de tu sátira candente. 



r— > 

13 



YAMBOS. 



Y sea mí veri©* ai parque eF formídabíe 
grito de indignación que llame á juicio 
á la infeliz generación presente, 

el rayo de la cólera implacable 
que fútanme entre el diucfo y el Am^,a<f 
del gaucho espúreo) la cobarde- frente? 




14 




II 




q eclinada en el regazo de las olas, 
Bajo el manto de topacio de tu cielo, 
Como Venus al surgir de las espumas, 
¡Cuan hermosa éstas ásí, Montevideo! 



I 



¡Con qué orgullo desde el puente del navio 
Que me lleva á tierra extraña, te contemplol 
¡Con qué amarga pesadumbre te abandono 
Agobiado de mi suerte por el peso! 





I Cuan tas veces Jote «añado en tú regazo 
Al dulcísimo calor de amantes besos, 
Riente sol de libertad y de esperanza 
Fecundando con amor tu virgen seno! 



¡Cuantas veces «obre el libro de tu hiat&ráa 
He llorado agradecido, pues desciendo 
De los bravos que en las Piedras y el Cerrito 
Por la «asta libertad morir supieron! 



Mientras qtie aboca. . . indignado y rota el alma 
Por la cólera que (hierve entre mi seno, 
Tras imi «techo donde esconda mi vergüenza 
Por tu afrenta y par tu infamia voy corriendo. ' 




\Tú, la virgen de la luz y de ka flores, 
La que ostento tanta gloria en sus trofeos, 
Humillada bajo el sable y convertida 
En un antro de rail crímenes sin cuento! 



¡Tú, mas pura que tus cíelos y tu» brisas, 
Cual bacante desgreñada dáa tu cuerpo 
De la inmunda soldadesca a los abrazos, 
a Insaciable en su asqueroso desenfrene! 



No, tu no eres la que en la hora ignominiosa 
De la bárbara opresión del extranjero. 
Con el férvido entusiasmo de los libres 
En el polvo derri bastes al Imperio. 



19 



¿Dónde están los grandes dias en que Troya 
Fué baluarte contra el déspota porteño, 
Y en la santa libertad armó su brazo 
Al domar al orgulloso león ibero? 



|Ya pasaron!... Ni el recuerdo ya nos queda 
De las páginas de gloria de aquel tiempo! 
Hondo llanto y servidumbre es nuestra herencia 
Ay! en cambio de la patria que nos dieron... 



Ya en el pálido horizonte despareces... 
¡Adiós, tierra de mi amor, Montevideo! 
Ahí te quedas entre el cieno... yo me parto 
A comer el pan amargo del destierro. 

20 




Para ahogar entfte sus brazos al tirano 
Y sus pérfidas cenizas dar al viento! 




83 




27 




omo impura ramera envilecida 
^ Y escándalo y vergüenza de la gente, 
Vas rodando entre el cieno del torrente 
Que abrió á tus piés la fuerza maldecida. 



Ya el aleve puñal, turba homicida 
Revolvióle en tu seno impunemente, 
Y hasta en el aire resonar se siente 
El presagio fatal de tu caida. 



29 



YAMBOS 



Torpe generación ya no sustenta 
El código inmortal que se derrumba 
Con la gloriosa libertad de Mayo; 



Y al ver tanta ignominia y tanta afrenta, 
Se estremecen los héroes en la tumba 
Y vela el sol su refulgente rayo! 




30 



II (I) 

inta en sangre la veste inmaculada, 
Rota la frente por brutal coyunda, 
Marchas, oh libertad, por senda inmunda 
A afrentoso patíbulo arrastrada. 




Cual rabiosa jauría desatada, 
La infame soldadesca furibunda 
El rayo de su cólera profunda 
Sobre tu invicta sien descarga airada. 



31 



YAMBO* 

ir nj-f. 



Ya sin freno y sin ley la turba impía, 
Su sed de sangre y latrocinio agota, 
En la triunfante diestra el hierro aleve; • 



Y al ronco clamoreo de la orgía, 
La patria entrega, desangrada y rota, 
A los furores de la hambrienta plebe! 



32 




a no hay patrial Noche oscura 
cubrió con fúnebre manto 
la comarca sin ventura, 
de mi niñez templo santo. 
La que al opresor filé espanto, 
infame cadena muerde, 
¡y tú duermes! 



35 




YAMBOS 



La libertad perseguida 
como humilde nazareno, 
cayó aplastada y vencida 
entre la sangre y ej cieno. 
A su sombra cayó el bueno 
bajo el puñal de la plebe, 
¡y tú duermes! 




En la invencible ciudad 
de nuestras glorias escudo, 
un chacal haciendo está 
lo*que ningún Titán pudo. 
c El despotismo sañudo 
ata tus manos inertes, 
¡y tú duermes! 




YAMBOS 



Del Uruguay al Atlante 
pasea sus rojos pendones 
la fuerza bruta imperante 
preñada de odio y traiciones. 
Se prestan los batallones 
ya al pillage y al degüello... 
¡y tú duermes! 



Hambrienta ruge la hiena 
en sangre hermana abrevada, 
y el León, muerde la cadena 
á su garganta enroscada. 
Sobre la virtud hollada, 
se alza el crimen impudente... 
¡y tú duermes! 



37 



Ya con clamoreo salvage 
Atila feroz asoma, 
ebrio de sangre y carnage 
sobre la cesárea Roma. 
Ya la nación se desploma, 
ya el Brasil la garra tiende... 
¡y tú duermes! 




38 



Yaübós 



II 



¡Callar, cuando la tierra de mis padres 
Se arrastra uncida á abominable yugo, 
Sólo porque á un imbécil tiranuelo 
Nacido para el mal, así le plugo! 



¡Con estoica virtud mirar la ruina 
De mipátria querida?... 
¡Jamás! mientras palpite el pecho mío. 
¡Jamás! mientras aliente y tenga vida! 



¡Maldita sea la virtud cobarde 
Que se abandona en brazos de la suerte, 
Cuando siente tronar en torno suyo 
Gritos de sangre y estertor de muerte! 



42 





^ ras la altiva eminencia 
que en el limpio horizonte se destaca, 
\ amenazando al cielo 
* con su imponente y formidable masa, 



el astro moribundo 
oculta ya su frente ensangrentada.. 

¡Qué triste es esa hora 
lejos de la familia y de la patria! 



45 



YAMBOS 



Tendióla negra noche 
su estenso manto sobre el turbio Plata: 

ni una estrella aparece 
sobre la inmensa bóveda enlutada. 

Todo es silencio en torno: 
hasta los vientos su rumor apagan: 

tan solo la conciencia 
alza su voz en lo interior del alma. 




46 



YAMBOS 



II 

Turban de pronto el silencio 
lie la noche solitaria, 
voces y rumor confuso 
de alegría y algazara. 

Anchos torrentes de luz 
iluminan la amplia estancia, 
donde su festin celebran 
las legiones pretorianas 

Sentado en alto sital 
bajo un dosel de escarlata, 
se halla el General, rodeado 
de todos sus camaradas. 



47 



YAMBOS 



Su pecho ostenta una cruz 
con que el Rey de las Espartas, 
premióle la torpe afrenta 
que infligió sobre su pátria. 



Torvo es su mirar: parece 
que en su conciencia malvada, 
prepara, siempre en la sombra, 
una nueva mazorcada. 



Celébranle sus secuaces 
y le adulan y agasajan, 
y él responde con sonrisas 
que parecen puñaladas. 



48 



YAMBOS 



Ved le! impávido y tranquilo 
en aquella misma estancia (a) 
donde su diestra homicida 
derramara sangre hermana. 

Vedle allí, terrible azote 
de las libertades pátrias, 
negro, abominable aborto 
del crimen y de la infamia. 




49 



YAMBOS 



III 

En el medio del festín, 
híínden y rompen el aire 
los entusiastas acordes 
de las bandas militares. 

Y suenan báquicos himnos, 
chocan las copas y esparcen 
sobre los ricos manteles 

el Borgoña y el Champagne. 

Y se agiganta el tumulto 
de aquella turba cobarde, 

c que ahoga su crimen en vino 
rojo, como hirviente sangre. 

50 



V 

Allá en el fondo del salón, en tanto 
la infart% orgía con furor avanza, 
aborto de cien tumbas entreabiertas 
reclamando venganza, 



de las míseras víctimas que un tiempo 
inmolara á su pérfido destino, 
yérguense los espectros pavorosos 
gritándole: ¡asesinol 




52 




lenas de hastio, de tristeza y duelo, 

en incansable anhelo 
pasan las horas de mi triste vida, 
sin que un pálido rayo de esperanza 

perdido en lontananza, 
me anuncie la alborada bendecida. 




55 



YAMBOS 



III 

Y. así suspiro sin cesar: levanto 
mis ojos hasta el santo 
trono de Dios omnipotente y bueno; 
y mi fé muerta, permanece muda, 

y la punzante duda 
me abrasa el corazón como un veneno! 




57 



IV 

¿Lleva la triste humanidad acaso 
en su inseguro paso, 

fijos tantos dolores en el alma? 

¿Acaso vive en esta ¿eterna lucha? 

¿Acaso nunca escucha 

el arrullo sonoro de la calma? 




58 




V 

Ay! donde quiera que la vista fijo 
con hondo afán prolijo, 
la iniquidad y el mal tan solo véo: 
retrocede y avanza á cada instante 




YAMBOS 



VI 

Moral carcoma, sórdida y profunda, 
como torrente inunda 
la sociedad con furia sin ejemplo, 
y hasta las propias turbas contagiadas, 

avanzan desbordadas 
á arrancar á Dios mismo de su templol 




60 




Aquí mismo, en la tierra de ventura, 
donde la santa y pura 
libertad, halló asilo tras los mares, 
cuando la Europa en torpe desenfreno 




YAMBOS 



VIII 



sólo conmueve el aire són de guerra, 
el pueblo el labio cierra 
sugeto siempre á dura servidumbre; 
y en la zona de América querida, 

vé el ánima afligida 
sólo miseria y llanto y pesadumbre! 




62 



IX 

¿Dónde fijar Ib vista consternada? 
{En tí, patria adorada!... 
Mas iayJ que aunque sin pena y sin enojos 
quisiera contemplarte, no podría: 

¡lágrimas de agonía 
lloran al verte mis dolientes ojos! 




68 



YAMBOS 



X 

Presa siempre de crueles opresores, 
déspotas ó traidores, 
y en sangre tinto tu inmortal camino, 
vas agotando en lucha fratricida 
las fuerzas de tu vida» 
en la aurora sin par de tu destino! 




YAMBOS 



Ya en tus hijos murió el noble civismo,, 
ei viril patriotismo 
que hizo flamear triunfante tu bandera; 
ya el arma abandonó su brazo inerme, 

y en el egoísmo duerme, 
mientras se ceba en su botín la fiera. 




«5 



YAMBOS 




XII 



Posó ayer sobre tí su garra impía 

la infame tiranía 
de un déspota ambicioso y sanguinario; 
holló tus leyes con su inmunda planta, 

y hasta hundió en tu garganta 
el puñal maldecido del sicario. 




66 



XIII 

Pu& la tempestad, y en pós de tantos 
horrores y quebrantos, , 
nuevo opresor te deparó la suerte: 
por la fuerza brutal estás vencida, 

y la espada vendida, 
tu sien amaga con furor de muerte. (3) 



67 



YAMBOS 



XIV 

¿Qué hace tu pueblo en tanto, ese valiente 
pueblo, que en lid ardiente 
contra la audacia y la ambición agena, 
la enseña vil del imperial ilota, 
ensangrentada y rota 
hizo rodar por la caliente arena? 




68 



TAMBOS 



XV 



¡Beber su llanto en lá vergüenza hundido, 

y postrado y rendido, 
resignarse, cobarde, á su impotencial 
I Lamer la infame mano del verdugo, 

y uncido siempre al yugo 
arrastrar una mísera existencia 1 




69 



YAMBOS 



XVI 

No pues lamentes tu fortuna impía, 

patria: la tiranía 
sólo el pueblo la crea: el tirano 
del vicio popular es parto infecto: 

porque el pueblo es abyecto, 
existen un Tiberio y un Trigano! 




70 




XVII 

Ah! si el vate pudiera con su cantó 
arrancarte al espanto, 

al silencio letal que te devora; 

si eso pudiera én su inmortal deseo» 
y cuál nuevo Tirteo 

dar impulso a tu espada vengadora, 



XVIII 

* 

en las entrañas mismas de la tierra 
clamara en son de guerra 
con el grito valiente de su lira, 
y hasta el polvo del héroe inanimado, 

se alzara consternado 
y estremecido de vergüenza y de ira! 



72 



XIX 

(Ilumina, Dios santo, en la jornada, 
la patria infortunada 
que cuna y libertad ayer nos diera! 
¡Alienta tú en el pecho de sus hijos 
para que en su honra fijos 
puedan alzar del libre la bandera! 



73 



yambos 



XX 

Mas ya siento que pesa sobre mi alma 
la indiferente calma, 
hija del desencanto y de la duda: 
melancólico albor baña mi frente 
y el patriotismo ardiente 
contra el tédio mortal ya no me escuda. 




74 



YAMBOS 



XXII 

Entre las sirtes de la mar ignota, 

desarbolada y rota, 
náufraga y sin timón la nave avanza: 
¿no ha de alcanzar, cuando el valor desmaya, 

la suspirada playa 
que le muestra su anhelo en lontananza? 




76 




XXIII 

¿Cuando habrá de lucir, Dios justiciero, 
el claro albor primero 



nuncio de paz y libertad? ah! ¿cuándo 
ha de brillar el suspirado dia 




YAMBOS 
— W8T- 



XXIV 

Ayi alumbra, Señor, nuestro camino, 
que el ánimo mezquino 

entre el duelo y la duda desfallece? 

á lualmo impulso¿ se afeará en el mundo, 
como el astro fecundo 

que entre la densa niebla resplandece! 




79 



I 






(Si tiranos, de Bruto el púfiall 



o hade manchar la diestra del patriota 
I El arma del romano furibunda, 
Para que el sol de libertad fecunda, 
Brille de nuevo sobre el pueblo ilota. 



La fuerza inicua que la patria azota, 
Ha de rodar como Babel inmunda, 
Al sacudir la bárbara conyunda 
Que unce su sien envilecida y rota. 

81 




Entonces, ¡ay! la Themis \|engadora 
Sobre el odioso déspota inhumano 
Descargará su fulminante espada, 



Y entre mares de sangre redentora, 
Al hondo abismo que cavó su mano 
Rodará su cabeza ensangrentada! 




82 




i Es muy original la historia de estos dos so- 
netos. 

Presentados en los últimos Juegos Florales 
celebrados por el Centro Gallego, obtuvieron la 
primera mención honorífica al premio de honor. 

Ellos estaban dentro de las bases del certamen, 
puesto que no atacaban la nacionalidad; y así 
lo comprendió el Jurado al declarar en el vere- 
dicto, que eran «un grito de indignación patrió- 
tica» contra un gobierno de fuerza. 

El Ministro Oriental creyó que, como laPresi- 




NOTAS 



dencia del Jurado, la ocupaba un miembro del 
Gabinete argentino, el Ministro del Interior Doc- 
tor Irigoyen, creyó, digo, que el asunto daba 
motivo á una reclamación diplomática, que fué 
entablada incontinenti. 

El Ministro de R. E. contestó la nota de recla- 
mación, diciendo, que los ataques que envolvían 
los sonetos, no eran motivo de un conflicto in- 
ternacional, y que si el Gobierno de Santos se 
creia ofendido en ellos, había Tribunales en el 
país, que se encargarían de castigar al autor. 

Después de muchas idas y venidas del Minis- 
tro Oriental á Montevideo y del Ministro Ar- 
gentino á ésta, la reclamación quedó ahí; pero 
el Dr. Irigoyen, Presidente del Jurado, se negó, 
según se me ha dicho, afirmar el diploma que 
acordaba el premio. 

No pararon aqui las cosas. 

99 



NOTAS 

Mientras se gestionaba la reclamación, los es- 
birros de Santos, empezaron una persecución 
tenaz contra el autor de los sonetos, lo que le 
obligaron á presentarse ante el Jefe de Policía, 
esponiendo lo que ocurría. ¡Se le creia un revo- 
lucionario! 

Felizmente la persecución cesó, no sabemos 
porqué causa, sin dar lugar á que la Policía, ya 
prevenida, interviniera en el asunto. 

Otro detalle. Los diarios que publicaron aquí 
losmalaventurados sonetos, fueron interceptados 
en el correo de Montevideo, y solo algún tiempo 
después fueron conocidos allí. 

Por supuesto que los diarios de Santos se des- 
ataron en insultos contra el autor, llamándole 
«-traidor á la patria» etc. etc. 




Kotas 



2 El cuartel quinto, célebre ya en la Dictadu- I 
ra de Latorre. 



3 Esto se escribía antes de las mazorcadas de 
Mayo. La profecía se cumplió. 



c 



88 




88 



DEL MISMO £üTOR 



EN PREPARACION 



<5) 



TRENAS \ YAMBOS 

COLECCION DE POESIAS ^ SEGUNDA SERIE 

INÉDITAS